Hoy compré jugo de pomelo frescor.
De pronto tuve la imperiosa necesidad de tenerlo en mi
heladera así que agarré la billetera y salí corriendo al súper más
cercano.
Lo busqué como poseída entre las góndolas. Cuando lo encontré me volvió el alma al cuerpo.
Mientras hacía la cola en la caja
imprevistamente
sorpresivamente
me asaltó el recuerdo de un fragmento de “El Principito”
cuando el zorro habla de domesticar y ser domesticado y de
los campos de trigo meciéndose al viento.
Y entonces estuve segura
segurísima
de que al tomar el primer sorbo reviviré tus abrazos y tus besos
volveré a sentir tu aroma
tus caricias
y escucharé tintinear a todas las estrellas.
Porque en lo que a mí concierne, el jugo frescor de pomelo
es exactamente del mismo color que el trigo…
(escrito el 26 de diciembre de 2011)
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